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Originaria de la región francesa de Lorena, la receta de la quiche se ha ido extendiendo hasta llegar a buena parte de los fogones de la cocina occidental. Esta especie de tarta o pastel salado está formada por una masa quebrada rellena de una esponjosa mezcla que incluye ingredientes al gusto del consumidor: bacon, queso, setas, jamón, gambas, espinacas… Al igual que pasa con la receta de la pizza, casi cualquier producto puede resultar sabroso en una quiche bien hecha.

Su facilidad de elaboración, su sabor y texturas suaves y la infinidad de combinaciones que permite han dado popularidad a esta tartaleta. Esta facilidad para admitir casi cualquier ingrediente con un resultado delicioso ha hecho que sea también uno de los platos habituales en los menús vegetarianos, ya que ceñirse a una receta vegetal de la tradicional Quiche Lorraine no es difícil.

En estas quiches “verdes” los ingredientes más comunes son los puerros, las espinacas (la que se conoce como quiche florentina), el calabacín y los champiñones, aunque las verduras de temporada abren infinidad de posibilidades a la hora de inventar la mezcla. Espárragos trigueros, ajetes tiernos, setas, calabaza, berenjenas, acelgas o brócoli son otras de las verduras más utilizadas, sin olvidar las más comunes, como los tomates (quiche provenzal), pimientos de cualquier color, las zanahorias y las cebollas.

El otro habitual de las quiches son los diferentes tipos de quesos: cremosos o camembert; quesos frescos como mozarella o mascarpone; elaborados con leche de vaca como gorgonzola, emmental o gouda; queso de cabra, roquefort, parmesano rallado, cheddar… Será difícil que alguno no funcione en una quiche.

Por ejemplo, la de gorgonzola con dados de tomate, la de pisto y la de setas con cebolla caramelizada y queso brie son un auténtico manjar que, además, luce en cualquier ocasión. Con sólo algunos ejemplos de que la quiche invita a la experimentación, así que atreverse a hacer una receta propia no tiene peligro.

Elaboración:

  • Lo primero que hay que hacer es forrar un recipiente apto para horno con la pasta brisa -tras untar el fondo con mantequilla para que no se nos pegue-. Lo aconsejable es elaborarla -es muy fácil- y dejar los rollos congelados de masa quebrada sólo para emergencias. 
  • Hornear esta pasta durante unos 12 minutos a 190º -con el horno caliente-.
  • Lo siguiente será preparar la verdura que hayamos elegido. Lo ideal es picarla en trozos finos o en pequeños dados y pocharla unos minutos en la sartén. 
  • Una vez que las verduras estén blandas las uniremos al resto de la mezcla: los huevos, la nata -o leche si queremos aligerarla- y el queso. 
  • Condimentar al gusto: la pimienta negra y la nuez moscada suelen usarse para aromatizar en la receta original la “migaine” -el relleno-, mientras que la albahaca es un acierto cuando el queso es el protagonista.
  • Lo introducimos al horno unos 30 minutos a una temperatura de 200º.
  • Dejar enfriar -si puede- y servir.

Fuente: Daniela Laganà, de Cocinero a medida.

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