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Existen un montón de versiones de la tarta de queso, y esta que os traigo hoy es una receta muy sencilla de hacer y rápida, para hacerla incluso con niños ya que no es necesario utilizar el horno.

Para la base vamos a necesitar galletas (tipo María, aunque podemos innovar y probar con otro tipo de galletas) y mantequilla. Trituramos las galletas hasta convertirlas en polvo y derretimos la mantequilla. Una vez derretida los mezclamos todo hasta obtener una masa homogénea. La cantidad de mantequilla a utilizar depende de la cantidad de galleta. Yo suelo usar unos 200 gramos de mantequilla por paquete y medio de galletas.

Una vez que tengamos la masa, la extendemos en el molde y lo dejamos reservado.

Para el cuerpo de la tarta utilizaremos: un bote de queso de untar (yo utilizo el de la marca Hacendado), un yogurt natural sin azucarar, dos vasos de leche, un sobre de cuajada y una medida (del recipiente del yogurt) de azúcar.

Disolvemos en un vaso de leche el sobre de cuajada y dejamos reservado. En una cazuela ponemos el queso, el yogurt, el azúcar y el otro vaso de leche. Removemos hasta que se disuelva todo y llegue a ebullición (a fuego lento). En este punto, sin parar de mover, vertemos el vaso de leche con la cuajada en la cazuela y seguimos moviendo hasta llevarlo de nuevo a ebullición. Apartamos la cazuela del fuego unos segundos y volvemos a ponerla para llevarlo una última vez a ebullición.

Vertemos el contenido de la cazuela encima de la base de galleta en nuestro molde. Dejamos que enfríe a temperatura ambiente durante un par de horas y listo, ¡a la nevera!

Hay que servirla bien fría y se puede acompañar de mermelada de frambuesa, mora o fresa, o simplemente comerla tal cual.

¡Espero que la disfrutéis tanto como yo!

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